¿Por qué me cuesta tanto cambiar?

Cuando cambiar nos requiere un esfuerzo que nos resulta abrumador, hay un desbalance entre nuestra intención y nuestro compromiso. En definitiva, no estamos “alineadas” consciente e inconscientemente, y por ello sentimos como que “una parte de mí quiere y otra no”. A veces “intelectualmente verbalizamos” que queremos un cambio que en realidad no es prioritario en nuestra vida, y por lo tanto lo postergamos con nuestras acciones o falta de ellas. No nos olvidemos que es lo que hacemos, y no lo que decimos, lo que muestra nuestras verdaderas intenciones. Lo malo de estas idas y vueltas es que vivimos la no realización de este cambio como una postergación que nos roba energía, tiempo, paz y plenitud.
“Nada es más agotador que la eterna carga de una tarea incompleta.” William James
La clave está en tomarnos el tiempo para aclararnos, tomar una decisión y actuar. He aquí algunas preguntas para aclararte:

1) ¿Qué quiero lograr?
2) Del 1 al 10, ¿qué tan importante es para mí? (Si el número es bajo, el cambio resultará difícil a menos que logres resignificarlo).
3) ¿Por qué es importante para mi?
4) ¿Qué me ha impedido lograrlo hasta ahora?
5) ¿Cuáles son las consecuencias de seguir postergándolo?
6) ¿Estoy dispuesta a vivir con estas consecuencias?

Si tu respuesta es no, entonces, las preguntas a hacerte serían:

1) ¿Qué tengo que dejar ir para crear este cambio en mi vida?
2) ¿Cuál podria ser el primer paso a dar?
3) ¿Estoy dispuesta a darlo?

El mejor indicador de que realmente estás pronta es que estés dispuesta a dar el primer paso YA. ¡No esperes más…postergar es sufrir en cuotas!

¡Contame qué decidiste y me encantaría saber si este artículo te resultó de utilidad!

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